La Rita: El amor incondicional no conoce de razas ni especies

Era Febrero del 2007 y hacía voluntariado en Fundación Luca. Dado que trabajaba de Godínez de lunes a viernes, los fines de semana era cuando me daba la oportunidad de hacer voluntariado “sin limite de tiempo”. En ese entonces, Luca ponía un stand en uno de los pasillos de la plaza Comercial San Agustín en Monterrey, con el objetivo de hacer labor de conscientización para lograr una cultura de bienestar animal, por lo que también se promovían las adopciones de perros y gatos.

Ese día en especial lo recuerdo como si fuera ayer, a pesar que ya pasaron 13 años. Como cada fin de semana, había varios kennels con los animalitos en adopción, pero había una jaulita donde había varios cachorros, tenían entre 4 – 5 semanas de nacidos, todos era de la misma manada. Eran cafecitos, redonditos, adorables.

Pero uno de los perritos desde el principio llamó mi atención. Era la mas pequeñita de la manada, y tenía pelo negro en su cabecita y lomo, tenía unos ojitos “llamativos” con la mirada más tierna que había visto. Nuestras miradas se toparon y se me apachurró el corazon. Pero como “animalista” pues es normal que queramos quedarnos con todos los animalitos que nos pasan por enfrente, calmé mi instinto y dejé que fluyera naturalmente el día de voluntariado.

Llegó la hora de recoger todo para finalizar el turno, como a eso de las 7-8 de la noche, y de los chachorritos de la manada solo quedaban 2 -ya que los demás habían sido adoptados-, uno de ellos era la perrita con la que había hecho la conexión. Y no cualquier conexión, nuestros corazones se encontraron.

En ese momento también llegó el Beto por mí para irnos y le enseñé la perrita y le conté la situación. No estaba muy convencido de que la adoptaramos porque cabe mencionar que hacía como 6 meses que había fallecido el primer animalihijo que tuvimos siendo pareja. Era una gatita llamada Chaparrita, a quien adorábamos -y también adoptamos en Fundación Luca-. Su partida nos dejó muy dolidos, especialmente a mí, ya que fue una situación muy complicada, de desesperación y angustia, se había salido de casa, y por semanas estuvimos buscándola; Antes de irme a trabajar, a la hora de la comida y después del trabajo, buscando y buscando hasta que el Universo una noche la trajo de regreso, pero venía muy mal, y en ese tiempo el Beto tuvo que salir de viaje de trabajo. Esa misma noche nuestra Chaparrita dejó este mundo. El Universo nos regaló la tranquilidad de habernos reencontrado y saber que murió estando en casa, llena de amor, a mi lado. Aun la recordamos con ternura y mucho amor.

Retomando la plática con el Beto sobre la Rita, tuve a mi favor que ya era tarde por lo que necesitábamos irnos todos, recoger y mañana será otro día. El encargado me ayudó a convencer a Beto de llevarnos a los 2 perritos a pasar la noche con nosotros, para que interactuáramos y esperando lo mejor, nos convenciéramos de adoptar por lo menos a uno.

Y así fue, llegamos con los 2 perritos a casa, y es increíble como el destino funciona, ya que una pareja de muy buenos amigos nuestros también querían adoptar un perro. Nos alcanzaron en la casa y ahí estuvimos con los perritos. Se decidieron a adoptar a uno. ¿Pero a cuál? Yo por dentro deseaba que se decidieran por el perrito para poder quedarnos con la perrita de mirada tierna. Afortunadamente nuestro amigo es americanista, así que se decidieron por el perrito para poder ponerle el nombre de su ídolo… Temo -si, en honor a Cuauhtémoc Blanco jajaja-.

Rita y Temo

Así que… ¡la perrita sería nuestra primera perrhija! ¿Cómo le ponemos? En honor a la Chaparrita, decidimos ponerle Rita -si, nada originales jejeje-.

Y así fue como la Rita llegó a cambiar radicalmente nuestras vidas. Con ella inició la manada. Ella nos inició en el camino de reconocer y valorar un corazón puro, el amor incondicional entre especies, y a vivir la compasión.


Sus ojos eran su característica mas distintiva, unos ojos expresivos, estilo egipcios: delineados intensamente. Tenía mirada de “humano”. Podías ver su alma pura. Quienes tuvieron la dicha de conocerla, siempre nos decían: “¡Solo le falta hablar!”

Desde chiquita le tenía miedo a la lluvia, a los truenos, fuegos artificiales, en general a los ruidos fuertes, y le daba miedo bañarse (probablemente por el ruido de la secadora de cabello).

Como cualquier hermana mayor, se sentía celosa de cada nuevo perro que le dábamos asilo temporal en casa o que se integraba permanentemente a la manada. Cuando acariciábamos a algún perrito, volteaba con sus ojitos con cara de “¿y yo que?”. Era extremadamente inteligente, sensible y amorosa.

Su lugar favorito en el mundo era cualquier lugar donde pudiera estar en medio del Beto y yo – como el sofá o la cama-, ya que ahí se sentía especial y más segura… y por supuesto porque también le encantaba dormir.

A pesar que comía su comida de “perrhijo” (tenía un apetito excelente), ¡le encantaba botanear comida de “humano”! Verduras crudas, platillos cocinados… Lo que fuera la hacía feliz. A la hora de cocinar o comer, ella estaba a nuestro lado y no se nos despegaba para que le compartiéramos =)

Tuvo una gran vida, rodeada de amor en cada momento y ¡vivió muchas aventuras con la manada! Conoció las cuatro estaciones, la playa, la nieve, viajó en avión, y ufff ¡tantas historias más!


Tuvimos la fortuna de poder regresar a Mazatlán hace 3 años a darle a la manada el retiro que cualquiera busca: un clima templado, vida lenta, cuidados, mucho amor. En ese tiempo, Rita se convirtió en una verdadera perrita geriátrica -y en una guerrera-: muchas canas, verrugas, achaques, enfermedades, su ritmo de vida se torno más lento . Tenía el corazón crecido (padecimiento normal en perros de avanzada edad), tenía bolitas en diferentes partes del cuerpo (al parecer era cáncer pulmonar, pero nunca se pudo comprobar aún haciendole múltiples estudios), también tenía artritis y osteoporosis, por lo cual el último mes comenzó a cojear. Tomaba medicamento para el corazón, que va acompañado de un diurético. Tuvo que tomar medicamento para la tiroides, así como un vasoterapéutico, antiinflamatorio y para aliviar el dolor, y vitaminas para la osteortritis. Pero aún así, tenía calidad de vida, jamás perdió el apetito, era feliz, y nos demostraba su amor y agradecimiento en cada momento.

Nos hicimos conscientes que a pesar de que los perros son totalmente dependientes del humano y su supervivencia sin él es my difícil, aún falta mucho camino por recorrer para conocer formas de poder ayudarles a tener una mejor calidad de vida, especialmente en su vejez.

Todo iba bien, acorde a lo “normal” de sus enfermedades, pero la noche del 24 de agosto fue el parteaguas; tosió toda la noche, no podía respirar bien, no pudo dormir -tampoco nosotros-. Al día siguiente, la llevamos a su segunda casa -la veterinaria- para que nos dijeran que estaba pasando. Le tuvieron que hacer una radiografía del tórax para poder determinar la situación y regresamos a casa a esperar los resultados, no sin antes pasar a la casa de su abuelita a saludarla -o mejor dicho, a despedirse-.

Un par de horas después nos llaman de la veterinaria para avisarnos que ya tenían los resultados. No quisieron decirnos el resultado por teléfono, solo nos dijeron que había salido mal y que regresáramos para explicarnos y que lleváramos a Rita. La radiografía mostraba sus pulmones que estaban trabajando a lo mucho al 20% de su capacidad, por eso su respiración era abdominal y superficial.

Las opciones prácticamente eran nulas, el final ya estaba cerca, era cuestión de horas, a lo mucho un par de días. Si la dejábamos así, su capacidad pulmonar seguiría disminuyendo hasta colapsar, lo que hubiera provocado asfixia. No permitiríamos que se fuera así. Entre lágrimas, gran tristeza y angustia tuvimos que tomar la decisión mas compasiva para Rita -pero mas difícil para nosotros-, asistirla humanitariamente para que pudiera descansar para siempre, sin sufrimiento, así como se lo habíamos prometido.

Lo último que vio fue a mamá y papá, expresándole su amor eterno e infinito, agradeciéndole y abrazándola. Era el último abrazo. Y también vio a otro humano familiar, su veterinaria, quien nos apoyó en todo el proceso e hizo lo que estaba en sus manos para que Rita pudiera irse a descansar en paz, sin dolor.

Esta foto fue de una semana antes, pero esos humanos que aparecen en el reflejo de sus ojos son los mismos que ella vio durante toda su vida y en el momento final cuidándola y amándola

La Rita ha sido uno de nuestros más grandes maestros. Nos dejó muchas lecciones de vida, entre ellas, fue la primera perrhija que nos convirtió en papás: vivimos los desvelos, las preocupaciones y las alegrías como cualquier madre/padre de familia. Tuvimos que ir muchas veces a la veterinaria, cada día le dábamos los cuidados que requería para cada etapa de su vida, tuvimos que hacer sacrificios, nos hacía reír, solo le gustaba dormir en nuestra cama en medio de nosotros, y la amamos incondicionalmente.

También nos enseñó que el amor puro no entiende de colores, razas, ideologías ni especies; simplemente es, se siente y se demuestra, sin esperar nada a cambio y que no importa que tantos problemas tengamos, solo necesitas amor.

Nos reafirmó la impermanencia o transitoriedad de la vida. Lo único que tenemos seguro es el presente y el cambio constante. Por eso para ser felices y libres, la importancia de amar y vivir en el momento, sin apegos… Y nadie mejor que un perro para enseñarnos esto.

A pesar de todo lo negativo de la pandemia, estamos agradecidos con ésta, ya que el Beto tuvo que parar sus viajes de trabajo y también tuvimos que cerrar la tienda Zero Waste -Refeel- (donde prácticamente yo ahí vivía), por lo que estas situaciones, a pesar de parecer negativas, nos dieron la oportunidad de quedarnos en casa durante toda la cuarentena (que hasta ahorita van casi 6 meses) y poder estar con la manada geriátrica 24 horas. Nos deja una gran satisfacción el saber que tuvimos la oportunidad de estar con la Rita dándole todos los cuidados y amor que necesitaba ininterrumpidamente en su recta final y hasta el último momento.

La dinámica de nuestra manada ahora es diferente con su ausencia, creo que ninguno encontramos nuestro lugar, incluidos el Beto y yo. Nos llevará tiempo recuperarnos, pero nos quedan los recuerdos y la satisfacción de que le cumplimos nuestra promesa de hace 13 años: Rita, tendrás una vida maravillosa y nunca dejaremos que sufras.

Y así fue como una perrita “callejera”, fruto de la ignorancia e inconsciencia de la humanidad, con el destino en su contra, tuvo la fortuna de ser adoptada y vivió feliz, en familia y rodeada de amor cada día de su vida.

“No me importa saber si un animal puede razonar. Solo se que es capaz de sufrir y por ello lo considero mi prójimo.”

– Albert Schweitzer

Toda esta situación nos reafirmó el tomar consciencia del inmenso poder que tenemos los humanos como especie. Nuestras pequeñas decisiones y acciones individuales y colectivas de todos los días van co-creando (positiva o negativamente) el rumbo del mundo en el que todos vivimos.

Para nosotros, vivir con compasión, con nuestra mente alineada a nuestro corazón, es la manera de co-crearlo positivamente.


Rita, gracias por todo. Te amamos y extrañamos. Por siempre.

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